Historia de los molinos de viento de Tenerife

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Los molinos de viento fueron introducidos en España desde el siglo XVI. Estos fueron descubiertos por los cruzados en Jerusalén y traídos luego a la península ibérica para así poblar gran parte de su territorio.

Molino cercano a Barranco de Santos en Tenerife

Molino cercano a Barranco de Santos en Tenerife

Primeros molinos de viento en Tenerife

Datos de un estudio del doctor Serra Ráfols, datado el 29 de Mayo de 1958, fecha en que lo pronunció en la Universidad de La Laguna y titulado «El hombre y las fuerzas motrices: El Molino de viento«, y trata sobre la evolución de los molinos de viento en España.

En 1490 unos españoles obtienen del Rey Juan II de Portugal un monopolio para que durante cuarenta años nadie compita con ellos en la construcción de unos artificios con los que se podía sacar agua de pozos y lagunas sin bestias u otras fuerzas vivas. Se trata sin duda de un molino de viento aplicado a la extracción de agua, como ha sido habitual en Flandes, y, no menos países mediterráneos, para desecación de pantanos y suministro de salinas (campos de Cartagena, salinas de Trapani, en Sicilia, etc.).

Según estos primeros datos, los primeros molinos de viento en España no se usaron para el molido de grano, sino para al extracción de agua.

En 1511 el Rey Católico concede un monopolio análogo por 15 años y para todos sus reinos a Domingo García, vecino de Sevilla, para que construya en cualquier parte molinos de viento que ha inventado; era inventor de tahonas de moler pan, molinos de aceite y norias para riego. La concesión supone la existencia de molinos de viento en uso en aquel momento.

Llano de Los Molinos La Laguna

Llano de Los Molinos, La Laguna. Autor y fecha desconocidos.
En 1505, en Tenerife, la isla de los Adelantados, alguien se había adelantado a Domingo García. En 1505 pasaba ante el escribano Sebastián Páez un cierto Alonso Astorga, vecino, y Álvaro Fernández, carpintero, también vecino, por el cual se obligaba a este último a hacer para el primero «dos ruedas grandes e un carrete para el molino de viento que el dicho Alonso de Astorga e mandare que lo faga… e mas todas las obras necesarias para dicho molino, pertenecientes a su oficio oficio de carpintería, fasta que este moliente y corriente».

Queda entonces registrado con esta información, que uno de las primeras señales de construcción de molinos, data del siglo XVI, con este caso de contratación para fabricación de piezas de molinos por un vecino de Tenerife.

Según testimonio de Girolamo Cardano -famoso inventor de la suspensión de Cardán, nacido en Pavia en 1501 y muerto en Roma en 1576, donde tuvo que refugiarse poco antes al amparo del Papa y acusado de artes de magia-, hacia 1571 no hacia mucho que el molino de viento hacia introducido en España como una verdadera maravilla. De otro lado, también en Tenerife había caído en desuso, si no en olvido, y en 1575 un nuevo inventor se ofrece a vender su secreto a los señores del cabildo.

camellos frente a molinos en carretera del sur en Tenerife

Camellos frente a molinos en carretera del sur en Tenerife. Autor y fecha desconocidos.
El 3 de Junio de 1575, Esteban Alonso, carpintero vecino de Garachico, siendo informado de la falta de moliendas de pan, se ofrece para construir dos molinos de viento. Comprometiéndose, ademas, en construir más molinos, si estos dos últimos resultaran insuficientes.

Informados del asunto, los regidores Juan de Azoca y Bernardino Justiniano, Esteban Alonso señala los sitios para hacer los molinos: uno, en una montañeta que está a la salida de la ciudad camino de Nuestra Señora de Candelaria, y el otro en «un lugar que estaba antes hecho un molino de viento que tuvo de dueño a Juan Rodríguez Amado y sus antecesores», con este hecho se prueba que hubo molinos de viento mucho antes en La Laguna, en este momento desaparecidos. Es de suponer que de esta época arranca la gran cantidad de estos artificios de moler que trabajaron en Tenerife hasta el primer cuarto del siglo XX.

Textos e imágenes extraidos del libro «Molinos de Gofio» de Gilberto Alemán.